martes, 26 de abril de 2016

Unidos por generaciones

Los impulsos de toda generación empiezan y acaban en una cama. Y de cualquier cama del mundo a la conciencia de cualquier cuerpo. Nuestras metas nos dictan si la inocencia se queda o no, si pese a todo vamos a crecer o a compartir asiento con los niños del parque, o tragos amargos en bares bohemios. Nos limitamos a vivir rápido hasta el balance de diciembre, y es aquí donde expira otro capítulo. Y junto a él nos mecemos en los abismos de la contrición, haciendo que los días cuenten para estancarnos en esa nueva etapa. Somos la generación sensata aunque nos estemos perdiendo, pese a que compartamos más con nosotros mismos que con el resto. Queremos ser eternos cuando ponemos nuestra vida en orden, cuando alcanzamos la madurez suficiente para sabernos lúcidos, aunque frente el peso de lo que nace y lo que muere, solo nos quede la esperanza.

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