miércoles, 20 de abril de 2016
Reflexión.
Cuando la nada se apropia de tu realidad puedes observar las cosas desde otra perspectiva. Puedes recrearte limpio tras un espejo que sabes que no es el tuyo, y apostar tus cartas en juegos que sabes que no vas a ganar. Pero cuando ese estado se adueña de tu propia dualidad, empiezas a cuestionarte aspectos que ni siquiera existen, inventando grandes paisajes abstractos fruto de tus propias estructuras profundas de la mente. Y es aquí cuando llegas al fondo de lo que realmente eres, de tu esencia sin más matices que los únicos, sin más factores que vislumbren tu cuerpo aun con destellos tenues repletos de significado. Cuando cargas todas las armas con esa realidad y las disparas desde el conocimiento del no ser, empiezas a ganar batallas. Porque esas batallas hacen que te pierdas aún más en la contrariedad de tu propia lucidez. Y empiezas a formar parte del paisaje, creándote a su forma. Rompiendo con toda regla que te hace ser humano, solo con el fin de reconocerte.
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