Se trata de creer que estás dentro de una pantalla donde tienes opciones determinadas para elegir. Esta vez ya no hay tiempo de dejarlo para mañana, porque este tiempo era el que siempre terminaba en empate. La movida es que cuando sabes que no estás dentro del problema, sino que eres el problema, esas opciones se van reduciendo hasta que solo quedan dos portales entreabiertos, por donde no caben las emociones.
Y fue en ese momento cuando lo vi claro. Habían pasado muchos años, pero seguía viéndose como siempre, parecía que el tiempo no había hecho mella en ella. Replandeciente. Cada uno de sus alter ego le hacía feliz a su manera. Pero de esta forma, jamás desplegaría sus ansiadas alas, ya que al fin y al cabo, esa costumbre era lo que le hacía volar. Sin ningún cambio aparente para ella, alguna vez tuvo oportunidades.
No se puede borrar el recuerdo, llega tan dentro que sientes cómo quema cuando tiembla tu pulso. Sus malas frases se acomodaron muy dentro de ella y no pudo explusarlas, eran como cuentos para no dormir que tienen el poder de hacerla soñar sin querer, a sabiendas que tan solo va a ser otra ilusión en el bolsillo.
En los tiempos que corren, es difícil comprender a las Personas. Ser feliz está sobrevalorado.
¿Quién necesita la felicidad teniendo momentos? Todo es un mismo sentimiento. Solamente cambiamos nosotros, con cada gesto, cada paso que damos, o cada mala elección que decidimos. Somos así de abstractos. Y de simples.
Nada era mejor que entonces ni peor que el ahora. Cuando finalmente me reflejé en los cristales de aquellos portales, solo era una silueta, y creo recordar que al otro lado, estaba lloviendo, pero sin duda alguna, ya había olvidado lo esencial... ¿Era yo realmente? Quizá estaba volviendo a hacerlo, quizá no.
Era el momento oportuno para subirme encima del miedo, ya que me estaba esperando detrás de la puerta. Mi sinónimo.
Cuando te conoces de la misma forma que te desconoces es fácil soltarlo. Es como sobornar a la razón para que se quede un poco más contigo mismo, con esa sensación de falsa tranquilidad que se obtiene del maldito proceso...
Es la necesidad aprensiva de vivir al límite, sin querer dar el paso.
domingo, 27 de octubre de 2013
miércoles, 23 de octubre de 2013
03:36
La noche bajó sus párpados. Al parecer no quedaba nadie y me embarqué hacia ella. Esa sensibilidad me hacía cada vez más suave y me iba escabullendo soltando los pies. No pude resistirme a ese horizonte, más lejos cada vez de la línea de salida.
Espero sucumbir a la verdad y esclavizar los oídos en la música que siento en este momento. Nuestra patria emprendió su propio camino, y tomé la dirección contraria, feliz y con dominó mental. Siente el descanso de tu sien, la sensación de tocar el viento, palpar las ideas, dormir entre seda, bajar al infierno.
Volveraempezar.
Quise ser, por encima de todo. Es un hecho que me creía, mientras silenciaba el mundo dentro de mí misma. No quise tener los ojos grises los lunes, ni conseguirlo todo a la primera, sin tener soporte supe mantenerme y sentir desde mi prisma.
Nos hablamos mudos, y teñimos la Nada usando el dialecto del silencio, con el guiño y la máscara de la verdad, a nuestro juicio. Te estás sintiendo incapaz, y es por las balas, tienes un mundo creciendo. Sincero es el misterio que nos aleja de nosotros mismos, como improvisar para saciar las dudas, desde dentro.
Preso de la búsqueda, de la estética, y no es más que una crápula. La sorpresa de la historia frívola de un cuerpo que mitiga la vida real con la tinta. El mejor dibujo para tus ojos, después de ver tu autoestima desde lejos, sería su forma.
Y al terminar con este hálito frío en mi cuarto, cuando el poderoso sueño atrae a mis párpados, me reconozco. Y dudo. Y me quiero.
La suerte de tener tacto para lo abstracto, y frío para lo físico, tienes que probarlo...
Espero sucumbir a la verdad y esclavizar los oídos en la música que siento en este momento. Nuestra patria emprendió su propio camino, y tomé la dirección contraria, feliz y con dominó mental. Siente el descanso de tu sien, la sensación de tocar el viento, palpar las ideas, dormir entre seda, bajar al infierno.
Volveraempezar.
Quise ser, por encima de todo. Es un hecho que me creía, mientras silenciaba el mundo dentro de mí misma. No quise tener los ojos grises los lunes, ni conseguirlo todo a la primera, sin tener soporte supe mantenerme y sentir desde mi prisma.
Nos hablamos mudos, y teñimos la Nada usando el dialecto del silencio, con el guiño y la máscara de la verdad, a nuestro juicio. Te estás sintiendo incapaz, y es por las balas, tienes un mundo creciendo. Sincero es el misterio que nos aleja de nosotros mismos, como improvisar para saciar las dudas, desde dentro.
Preso de la búsqueda, de la estética, y no es más que una crápula. La sorpresa de la historia frívola de un cuerpo que mitiga la vida real con la tinta. El mejor dibujo para tus ojos, después de ver tu autoestima desde lejos, sería su forma.
Y al terminar con este hálito frío en mi cuarto, cuando el poderoso sueño atrae a mis párpados, me reconozco. Y dudo. Y me quiero.
La suerte de tener tacto para lo abstracto, y frío para lo físico, tienes que probarlo...
domingo, 20 de octubre de 2013
Hacia donde deberíamos correr para tener la respuesta.
Cuando te ves dentro de una vida que no te pertenece, te buscas. Lo haces tanto que hasta terminas desconociéndote por completo. Es absurdo mirarse en el espejo. Cuando no encuentras el norte dentro de tu propio yo, y decides seguir sin mostrar apego hacia ti mismo, es ahí cuando te preguntas el por qué de las cosas. Sencillo y efectivo. Buscar en la sombra el lugar que te corresponde, fingir la felicidad cuando te atrapan las sábanas, y creer que ha terminado cuando sólo es un puente más.
Pero ésto un día se rompe.
La brisa de la mañana te lo dice: En cualquier mirada se puede edificar un mundo, si te concentras durante 30 segundos. El reloj corre y estás perdido cuando la espera se reduce a la mitad. Echas a correr otra vez, esta vez sin pararte a pensar en lo que sentirás mañana, o si sentirás algo, que no sea invierno. No conozco manos tan frías como las mías, ni caminos con estas ruinas, pero me estoy construyendo, y llego de madrugada a plasmarlo.
No perteneces a ningún lugar cuando todo se concentra en el miedo y en sus sinónimos, pero sientes, por fin, la libertad en la punta de los dedos.
http://www.youtube.com/watch?v=NtjD_zPjKeE
"Nunca te arrepientas de ir a tientas, chica, la vida es una caja de sorpresas"
Pero ésto un día se rompe.
La brisa de la mañana te lo dice: En cualquier mirada se puede edificar un mundo, si te concentras durante 30 segundos. El reloj corre y estás perdido cuando la espera se reduce a la mitad. Echas a correr otra vez, esta vez sin pararte a pensar en lo que sentirás mañana, o si sentirás algo, que no sea invierno. No conozco manos tan frías como las mías, ni caminos con estas ruinas, pero me estoy construyendo, y llego de madrugada a plasmarlo.
No perteneces a ningún lugar cuando todo se concentra en el miedo y en sus sinónimos, pero sientes, por fin, la libertad en la punta de los dedos.
http://www.youtube.com/watch?v=NtjD_zPjKeE
"Nunca te arrepientas de ir a tientas, chica, la vida es una caja de sorpresas"
sábado, 19 de octubre de 2013
No es un adiós, es un hasta pronto.
Es absurdo ponerse a pensar en todo lo que nos vendrá en un futuro, no existe y no nos hacemos a la idea de ello. Este bucle se puede romper a la primera de cambio y dejar todo hecho pedazos, desaparecer...
Te conocí por casualidad siendo una cría. Tú eras el chico mayor, y parece que te estoy viendo sonreír desde la otra esquina del bar cuando aparecía. Y estaba deseando volver a la misma hora, el mismo día de la semana, solo porque me sirvieras cervezas sin que nadie se enterara, o me llevaras a dar una vueltas con la moto en tus ratos libres.
Quizá si mirara atrás de nuevo recordaría tus ahogadillas en la piscina, o las escapadas por el bosque, o los botellones en tu pueblo que darían tanto que hablar...
Me gustaba cuando estaba delante de ti durante horas escuchando las miles de historias que tenías guardadas en el cajón, y las que inventabas para mí. Me enseñaste muchas cosas que hoy en día están conmigo y se irán conmigo.
Jamás me olvidaré de la noche en la que me mandaste mil mensajes para que saliera y apareciste en la puerta de mi casa a las tantas, obligándome a salir 5 minutos a la calle... Y sí, me castigaron, pero nunca te lo dije, creo que ahora era el momento de hacerlo...
Siento la gran impotencia de no haber podido compartir estos últimos años contigo, ya sabes que siempre he sido la niña responsable e inocente y tú la mala influencia de los 14 años, pero será nuestro secreto.
Puede que la más fría de las despedidas me hubiera gustado más que el silencio, me siento orgullosa de haberte conocido en uno de los mejores años de mi vida, y sé que tú me recordarás como la chica especial que dijiste que era, tan diferente a ti y tan magnética... Pero al fin y al cabo es lo que nos hizo unirnos tanto.
Recuerdo el día en el que me dijiste, ¿por qué te ríes siempre que yo me río? Y mi respuesta fue: Tu sonrisa me hace reír.
Y es cierto que, por ambición, me gustaba hacerte reír a ti.
Sé que estarás sonriendo desde allí arriba al leerme, supongo que esperabas una despedida por mi parte. Y sé que nos volveremos a encontrar y te lo contaré de nuevo, amigo... Lo prometo.
Vuela muy alto, Adi.
Te conocí por casualidad siendo una cría. Tú eras el chico mayor, y parece que te estoy viendo sonreír desde la otra esquina del bar cuando aparecía. Y estaba deseando volver a la misma hora, el mismo día de la semana, solo porque me sirvieras cervezas sin que nadie se enterara, o me llevaras a dar una vueltas con la moto en tus ratos libres.
Quizá si mirara atrás de nuevo recordaría tus ahogadillas en la piscina, o las escapadas por el bosque, o los botellones en tu pueblo que darían tanto que hablar...
Me gustaba cuando estaba delante de ti durante horas escuchando las miles de historias que tenías guardadas en el cajón, y las que inventabas para mí. Me enseñaste muchas cosas que hoy en día están conmigo y se irán conmigo.
Jamás me olvidaré de la noche en la que me mandaste mil mensajes para que saliera y apareciste en la puerta de mi casa a las tantas, obligándome a salir 5 minutos a la calle... Y sí, me castigaron, pero nunca te lo dije, creo que ahora era el momento de hacerlo...
Siento la gran impotencia de no haber podido compartir estos últimos años contigo, ya sabes que siempre he sido la niña responsable e inocente y tú la mala influencia de los 14 años, pero será nuestro secreto.
Puede que la más fría de las despedidas me hubiera gustado más que el silencio, me siento orgullosa de haberte conocido en uno de los mejores años de mi vida, y sé que tú me recordarás como la chica especial que dijiste que era, tan diferente a ti y tan magnética... Pero al fin y al cabo es lo que nos hizo unirnos tanto.
Recuerdo el día en el que me dijiste, ¿por qué te ríes siempre que yo me río? Y mi respuesta fue: Tu sonrisa me hace reír.
Y es cierto que, por ambición, me gustaba hacerte reír a ti.
Sé que estarás sonriendo desde allí arriba al leerme, supongo que esperabas una despedida por mi parte. Y sé que nos volveremos a encontrar y te lo contaré de nuevo, amigo... Lo prometo.
Vuela muy alto, Adi.
domingo, 13 de octubre de 2013
La ecuación irresoluble.
Invertía las horas en aquel reloj, tenue luz reflejaban tus gafas al sol, con la calma y los roces cada día. Y llegaron las palabras. Es ahí donde desvestimos el silencio y cerramos puertas, abrimos lágrimas y bocas.
Todo quedó en pretérito.
Y es aquí, con ese impulso de la noche, y con el vacío que queda al leerte a kilómetros, donde pierdo la calma y juego con el tiempo.
Y sus incendios.
La necesidad de las noches compensa el miedo al devenir de las mañanas, y en ese cristal tenemos la respuesta.
Esa actitud del impulso, hace que empiece a resquebrajarme, y lo sigues intentando. Ese chasquido, esa luz que desprende tu mirada al saber de mi, te rompe el cerebro.
Nunca tuvimos equilibrio.
Te estudié durante siglos y sigo observándote desde aquí, y aunque sigas sin entender el caos, mi desorden está creándose, y desde esta barra solo alcanzo la puerta de salida, pero está cerrada, y otra vez se ha hecho de día. Ese calor de otros brazos, o el sabor de la victoria en otros labios, forma la línea que separa tu historia de la mía, y los lazos que se descosen a medida que que comento errores,
tú los enmiendas.
Haz de mí un éxito, que pueda seguir navegando entre imposibles cuando lo invisible está en tus ojos, que siga enamorándome todos los días aun sabiendo que me miento en el espejo. Házmelo.
Me reconoces las pistas en los charcos y en las gotas de la ducha cuando escondes tus lágrimas, en el aire blanco de tus pulmones, y en los escotes de aquellas damas. Me reconoces en mi foto.
Pero no en mi alma.
Y al igual que para el caos no existen los sinónimos, tú y yo seguiremos inventandonos en cada término. Eléctricos.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Difuminarnos.
Esta poesía gastada, me devolvía a las horas más bajas del momento. Los párpados, cubiertos de rimmel, que se esparcía por las mejillas. Llegaba dando tumbos a la cama, que parecía más vacía que de costumbre, dejaba el hueco a la derecha por si aparecías. Pero cada vez se hacía más grande. Te estabas haciendo a la idea, pero nada es suficiente para este abandono,
y poco a poco
bajaba de la cama,
e iba de puntillas a fumar a la ventana.
Se oía tu risa desde el alféizar, y desde dentro. En mi cuerpo los cristales que quedaban abrían esas cicatrices, pero había demasiado peso en la conciencia de mi ego.
Quise jugar esa noche, y velar en la pared esperando a que fueras tú el que me pusieras contra ella, y desatar así, la poca inocencia que me quedaba.
Sedienta de invierno y de nieve, me conformo con botellas transparentes con carmín en el difusor.
Ya no son tus labios.
Nada habría sido igual, siendo siempre lo mismo, descubriste un mundo vacío que ahora está mutando y es fantástico, pero sigue siendo banal a la par que eléctrico.
Afirmación irónica de mi imagen en el espejo.
En cada grieta veo relámpagos, la definición irrisoria de la vida con mis matices personales, esos que amas a la par que odias.
Me quedé con lo puesto. Pero más lo estabas tú esa noche. Posando grácil en tu ventana. En el agujero que separa tu habitación del pasillo al precipicio. Sabes que me encontrarás al otro lado,
desnuda,
como la primera vez,
y tan efímera como siempre.
y poco a poco
bajaba de la cama,
e iba de puntillas a fumar a la ventana.
Se oía tu risa desde el alféizar, y desde dentro. En mi cuerpo los cristales que quedaban abrían esas cicatrices, pero había demasiado peso en la conciencia de mi ego.
Quise jugar esa noche, y velar en la pared esperando a que fueras tú el que me pusieras contra ella, y desatar así, la poca inocencia que me quedaba.
Sedienta de invierno y de nieve, me conformo con botellas transparentes con carmín en el difusor.
Ya no son tus labios.
Nada habría sido igual, siendo siempre lo mismo, descubriste un mundo vacío que ahora está mutando y es fantástico, pero sigue siendo banal a la par que eléctrico.
Afirmación irónica de mi imagen en el espejo.
En cada grieta veo relámpagos, la definición irrisoria de la vida con mis matices personales, esos que amas a la par que odias.
Me quedé con lo puesto. Pero más lo estabas tú esa noche. Posando grácil en tu ventana. En el agujero que separa tu habitación del pasillo al precipicio. Sabes que me encontrarás al otro lado,
desnuda,
como la primera vez,
y tan efímera como siempre.
lunes, 7 de octubre de 2013
¿Cuándo es demasiado tarde?
Cuando solo había luces, sólo destellos y calor. Me arrancabas los días a mordiscos y me sacabas de la cama metiéndote en ella para despertarme. El recuerdo fue en vano. Simplemente esos castillos no pudieron reconstruirse más, y ahora estamos cayendo. Tengo las listas de reproducción en las sienes y me torturo cada noche buscando un puto por qué, un por qué otra vez. No tienes tiempo para escucharme y por eso sólo me lees. Y me oyes. Solo son sonidos en tu cabeza y vuelvo a ser yo otra vez. Quizá algún día pueda huir de verdad y no dejar rastro como te dije un día, solo estoy preparando mi terreno.
Sé que podría tenerlo solo con decírtelo, pero no puedo arriesgarlo. Empieza el invierno y tengo frío de ti, de tus abrazos absurdos y de mis caricias congeladas, helandote el corazón y calentando tu mente. No volverás a mirarme con los mismos ojos otra vez, pero veré en ti el mismo poeta.
La calle de noche tiene un pase, pero siempre me quedaré con este tejado,
desde aquí se ve la ciudad, pero siempre preferiré mirar a la luna.
Tú sabes por qué.
No puedo apostar más, ni pensar una noche más, me vale esta media hora frente una pantalla y el sonido. El mismo sonido que hacía mientras me estabas comiendo con los ojos desde la otra esquina de la habitación. Y yo sólo tenía las teclas delante. Ni siquiera tengo fotos en la pared.
Estás fuera de mi vida, pero dentro de mi cabeza. ¿Qué se supone que es esto ahora?
La otra noche olí tu perfume. Inconfundible.
Espero que tú sigas oliendo el mío sin soltar mi nombre de tu boca, porque voy a dejar de existir en cuanto me acostumbre a esto. Jamás volveré a ser yo. Y eso me asusta. Sé que me odias por todo y te doy las gracias. No sé quererte, nunca lo supe. Y me doy las buenas noches como si mañana no volviera a pensar en esto.
Los sueños no se me dan bien, y nunca creí en la magia pero
echaría de menos los porros que te fumas ahora. Con la ropa puesta y sin mí.
Sé que podría tenerlo solo con decírtelo, pero no puedo arriesgarlo. Empieza el invierno y tengo frío de ti, de tus abrazos absurdos y de mis caricias congeladas, helandote el corazón y calentando tu mente. No volverás a mirarme con los mismos ojos otra vez, pero veré en ti el mismo poeta.
La calle de noche tiene un pase, pero siempre me quedaré con este tejado,
desde aquí se ve la ciudad, pero siempre preferiré mirar a la luna.
Tú sabes por qué.
No puedo apostar más, ni pensar una noche más, me vale esta media hora frente una pantalla y el sonido. El mismo sonido que hacía mientras me estabas comiendo con los ojos desde la otra esquina de la habitación. Y yo sólo tenía las teclas delante. Ni siquiera tengo fotos en la pared.
Estás fuera de mi vida, pero dentro de mi cabeza. ¿Qué se supone que es esto ahora?
La otra noche olí tu perfume. Inconfundible.
Espero que tú sigas oliendo el mío sin soltar mi nombre de tu boca, porque voy a dejar de existir en cuanto me acostumbre a esto. Jamás volveré a ser yo. Y eso me asusta. Sé que me odias por todo y te doy las gracias. No sé quererte, nunca lo supe. Y me doy las buenas noches como si mañana no volviera a pensar en esto.
Los sueños no se me dan bien, y nunca creí en la magia pero
echaría de menos los porros que te fumas ahora. Con la ropa puesta y sin mí.
martes, 1 de octubre de 2013
Cuando lo leas, cierra los ojos.
No sé qué fui. Distraerme entre aquellos árboles completó mi vaso lleno de agua, y desbordó. Estaba perdida en lo más profundo del laberinto, más allá de la soledad, y cerca de la completa cercanía a la desesperación. Pero los brazos desperezándose esta mañana me hicieron comprender. Lo vi en aquella pared pintado, vi las lagunas de la noche arañando mi día y supe que era real, que había alcanzado un paso más, y estaba acercándose. Desde lo más alto de mis ideas disparo a quemarropa tus costillas, una vez más, como si no hubiera pasado el tiempo. Tengo restos de tu piel entre mis dedos, y una ristra de sueños enlazados por la distancia. Sólo déjame sola. Sólo inventa otro norte diferente y haz que lo pierda como la primera vez, sólo arde tú solo esta vez. Y olvida que algún día fuimos, ya no existiremos nunca más de esa forma. Sigues ladrando, pero no me gimes al oído, ya no me muerdes las ganas, ni revuelves las llaves de tu puerta entre mis sábanas. Cuando abras los ojos no estaré allí. Quedan demasiadas cosas pendientes, pero nunca más volverán a ser como esperábamos. Ya no soy lo que buscabas. Soy material puro, y no necesito más huecos a mi medida, no más caminos cortados ni heridas con sal. Solo la puta brisa de ese recuerdo, nada más. Agradezco hablar conmigo desde dentro, y contigo desde el infierno. Las balas que dejaron cicatrices en tu ombligo viven en ti. Y no necesitas abrirlas, ya no necesitas estas manos. Te acercas a mí cubierto de alfileres, pero mi lengua es más peligrosa, me gustaba perder mientras tú lo intentabas. Ahora no tienes ni idea de lo que necesito. Yo sigo viendo la luna clara aunque llueva, tú sólo ves el sonido de las copas. No quiero que me entiendas más.
https://www.youtube.com/watch?v=Ffgsf3pqaD8
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