lunes, 29 de abril de 2013
Algún día pude hacerlo...
... y quizá me estuvieras esperando. Pero seguiría siendo como hoy, y tu espera se destruiría como otros tantos.
Los lunes nunca fueron los mejores, pero tampoco lo somos nosotros.
No soy de nadie y me siento desaparecer más por cada segundo que me roba el tiempo, y parece que me estoy mirando de frente con mi propio rostro, deseando salir de aquí otra vez.
Siempre igual. Y parece que la pantalla le queda grande a mis letras.
Siempre creando, volviendo a mí y cuando voy a salir por la puerta grande me ahogo y cojo carrera
en el sentido contrario. Si me cruzo contigo voy a volver a girar, pero... no puedo con la vuelta completa...
No quiero que se apague, pero no me quemes. Sálvame. Hazlo. Tú sabes cómo.
domingo, 21 de abril de 2013
"...la luna puede reflejarse en un vaso..."
Era un domingo de Sol y la tierra mojada de la noche anterior todavía se sentía brillar junto a la hierba de los parques, y decidió acostarse encima de ella. No había ningún motivo aparente, sus costillas parecían temblar pero se sentía liberadamente feliz. Las gotas de las flores que le caían de los árboles que podía ver desde abajo le hacían sonreír, por el mero hecho de hacerle sentir vivo. Y de repente volvió esa canción a su cabeza. Parecía que podía tocarla con los dedos, rozarla con cuidado, mecerla junto a él de forma que podían unirse tanto, que hasta él mismo se pudiera convertir en lo mismo. Una canción hecha hombre, o un hombre canción. Era la incoherencia que reavivaba todas las hojas rotas de aquel desierto verde desde el cuál vigilaba a sus musas. Seguía con esa idea que decía que las cosas abstractas creaban universos dentro de su propio interior, y hoy estaba lleno de sentimientos y sensaciones que solo se explicaban por ese motivo, esa canción. Le habían dicho que sólo podía enamorarse una vez y parecía que no encontraba el momento ni el lugar, las ansias de volar por aquella preciosa palabra parecía un abismo, pero no podía dejar de preguntárselo.
Sentía que estaba borracho todo el día, le embriagaban tanto esos rayos de luz... Derrochaba las horas junto a ese vieja radio que le hacía enloquecer y sentía que no había otra persona que pudiera conocerle mejor que él. En ese parque autodestruirse era un auténtico placer, podría preguntárselo una y otra vez y siempre sería la misma respuesta, ¡cómo lo admiraba!
Le gustaba recordar sus 5 sentidos y darles forma, ponerse mirando hacia arriba y manejarlos a su antojo.
En cuanto se giró hacia la izquierda notó el repiqueteo de unos dedos en su espalda haciéndole estremecer mientras un atisbo de sonrisa se reflejaba en su cara."Era mejor que hacer el amor"
De pronto, se levantó en cuestión de segundos, estaba empezando a llover, y rápidamente esa lluvia se convirtió en una tormenta de nieve, y el frío estaba empezando a calar. No habían pasado dos minutos y podía notar el sabor del agua que caían de las nubes. Era dulce.
Tan dulce que se volvió adictivo. Y comenzó a reír sin parar, necesitaba gritarlo, era increíble. Nunca jamás se había imaginado que la nieve de una mañana podía saber tan dulce y hacerle sentir tan afortunado, pensaba que nadie le creería por esto, pero no le importaba, solo quería gritarlo. Gritarlo y no parar de hacerlo hasta quedarse sin voz, siguió con lo mismo hasta que se encontró de frente con un portal espejo. En cuanto se vio en él, su voz quebró y la tormenta se evaporó, como si nada de eso hubiera tenido lugar y el siguiera bajo el árbol.
Entonces giró la cara cuidadosamente al percatarse de que Alguien en ese parque le estaba mirando, y sintió que nunca nadie en ningún momento de su vida pudo haberlo hecho como lo hizo Alguien, ese fugaz relámpago atravesó su oscuro iris y le dejó una cicatriz, y por ese segundo, en ese parque, esa madrugada, por primera vez sabía que no tenía ninguna duda. Ese relámpago era ella. Y terminó su imaginación con la vista de sus ojos y la imagen de su alma.
domingo, 7 de abril de 2013
Entre sábanas.
Yo. No puedo terminarlo. Aprovechando la claridad. Domingo. No estás en mi vocabulario. No me salen las palabras. Necesario. Nunca quise hacerlo. Te conocí. Así será. Hoy temblando. La fibra de la primera capa de piel. Suave, despacio.Vuelve otra vez. Fuera de mí. Vete de aquí. Y no me dejes. Todo valió la pena. Sin morir entre arcoiris. Brisa de tu pelo. Es alucinante. Canciones de radiocasette. Silbame en las manos. Destruye tu risa. Cercando mi horizonte. Nunca jamás fue posible. En tu universo de sensaciones. Suena el jazz. Seduciendo con el humo de tus labios. Imprescindible. El túnel de las pupilas. Está sonando en mi cabeza. Sueños rojos. El tobogán de tu melodía. Errores. Me escupes las heridas. Cabrón. Empiezo de nuevo. Corazones brillantes. Cállame las razones. Buscándome. Acero. Quererse. Volver atrás. Me equivoco de dirección. Me encuentro en el cambio de sentido. Llego a mi cita. Hasta aquí mis pies. Huye la ciudad. Vámonos. Grito en la calle. Me sigue ocurriendo. Linterna enredada. Viento gris. Sacudete mis besos. Conóceme. Perdidos en la arena. Borrachos. Juega a la vida. Estoy flotando. Vuelvo a irme. Abrazos. Gotas de lluvia.
Despertar.
Yo tampoco sabría cómo titularlo.
Por tus laberintos, pasillos y paredes,
no hay hilo más firme que el de la intuición.
No cortes el cable invisible, que caiga el puente por su peso,
pero no mates al arquitecto.
No dejes que el silencio ahogue un buen verso,
ni que una mala palabra rompa el hermoso silencio.
Por tus susurros, aliento,
respiración se escapa el eco del miedo
No dejes que tus labios mientan otro nombre,
no dejes que los míos se castiguen sin estas letras.
Por el precipicio en el que miras no hay abismo,
ni aguas tormentosas
No creas en el miedo, si no en el vértigo.
No dejes de hacer equilibrismo, pero sin mirar abajo,
no dejes que la lluvia te permita resbalar.
Por las paredes de mi cárcel te escribo ensangrentado,
no hay puñal en la escena, y no hay delito.
No puedo susurrar y grito.
Pero no hay muro más estricto, ni carcelero más indolente
que la piel en la que habito
mientras tu habitas mi mente.
No hay puñal, y no hay delito,
pero sé que sigo vivo.
Que impares juntos hacen pares,
se resolverán los empates.
Yo mientras tanto, te escribo.
El folio en blanco, fundiéndose con mis lágrimas
y reinventando con cada letra la alegoría de los días.
En tus ojos vi al poeta,
en mis huesos el desaliento quebró y tuve el sol en mis manos.
Cegándome las noches, anunciando los kilómetros en tus labios.
Era una visión en medio del desierto,
o una pieza olvidada en el cajón de la infancia.
Pero su mirada estaba brillando,
y los cristales en el interior se partían
por el latido.
Vibraba la ciudad y estábamos huyendo,
los golpes en los charcos nos teñían las piernas,
recordando la lluvia de nuestros cuerpos
invadiendo los recuerdos de aquella tarde,
en la mañana de nuestra historia.
Y vuelvo a las sombras,
cuando tu rostro tiñó mi nostalgia,
y la inocencia de tus gestos enredados en mis palabras
me hicieron crear para salvarme.
Me despertaste del sueño.
Por tu electricidad,
tus actos vandálicos en mi mundo interior,
tus ganas de quemarme las ganas con una palabra,
Si no llegué a conocerme fue porque conocías la forma,
Y tu nombre rebota en mi alma, haciendo trampas.
Prepárame el día en el que me vaya,
y no te salgas sin salvarme otra vez.
Todo lo que aprendimos sin mezclarnos,
despídemelo sin lágrimas.
Y vuelve cada noche en tus impulsos.
Gracias por tu parte :)
viernes, 5 de abril de 2013
Mi dulce destrucción. Presente perfecto.
Cuando entraba la mañana,
las dos luces de tu rostro vibraban frente el espejo.
Ya todos se habían ido,
ya la sombra en el pasillo solo dibujaba tus líneas.
Los rayos en mi cara,
me hacían ver las palabras que me soltabas a través del viento.
Y volvía a creer.
Podríamos volver atrás, volver a empezar.
Pero seguiríamos siendo extraños.
Si había terminado mi primer capítulo,
tú estabas en los créditos,
y todo habría terminado en un roto en el tiempo.
Como un agujero en el espacio.
Levitando juntos, separadamente perfectos.
Siempre creyendo en el poder de la libertad.
Siempre mostrándole a la almohada las fuerzas
para soñar.
Escuchando lentos los acordes,
mientras me fumo un cigarro de nostalgia,
pienso en lo ciegos que estáis
cuando cerráis vuestras almas.
El viaje que empezó cuando descubrí la tinta,
el líquido de mis venas que se destapa
cuando cojo los bolígrafos,
y se destruye contra el folio con esa tristeza,
que hoy es mi arte.
Vuelco mi vida, y miro al pasado.
Vuelcas mis días y haces el presente perfecto.
Porque no hay nada más maravilloso,
que conocer el núcleo de tus versos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)