A primera vista, siempre hay un pensamiento abstracto. Tú llegas, echas un vistazo alrededor y te imaginas cómo sería si probaras a cambiar un pequeño aspecto de tu forma de actuar para llevar a cabo la acción -pensamiento. Hay algo dentro de ti que te incita a hacerlo, necesitas un escalofrío, una motivación que te tenga alerta las 24 horas del día -intento personal. Te da el sol en la cara, te duchas, te cambias, coges tus cosas y sales a la calle. Pero lo ves como cada día y no te atreves a dar el paso -no interior. ¿Miedos? Bien, no eres nuevo en esto, ya te ha pasado otras veces... simplemente es otro presagio que te estimula, y finalmente no es una buena opción para ti -rechazo. Y caminas. Tan rápido que escuchas los golpes de tus zapatillas contra el suelo y tienes los cascos puestos, la mejor forma de no escuchar al de dentro. Bien, demasiados pasos en una semana, un mes, dos... Estás agotado. Definitivamente lo encuentras pero no lo buscas -pensamiento abierto-, lo sabes pero no actúas. Y esta tarde, mientras te lavas los dientes, te miras al espejo y él te dijo que de tus silencios se podía encontrar el camino de vuelta- curiosidad. Dicho así, echaste a correr, lo miraste con decisión y abriste aquella puerta -intento personal- con la buena suerte de que nadie en ese lugar podía hacerte daño -logro-. Solamente estabais tú y él, disfrutando de un bonito paseo, sentados, acariciando las horas de aquella tarde guardando las palabras que te decía al oído bien cerca, memorizando los acordes de esa melódica voz, de las sílabas que te dejarían en la puerta de tu casa, con una gran sonrisa -éxito. Pronto llegarían de nuevo los días y las semanas, e incluso se podrían convertir en años y te das cuenta de que al haber cambiado ese pequeño aspecto de ti ahora eres una persona nueva, y te comparas al pasado... y es aquí cuando empiezas a dudar -miedo. Realmente te planteas seguir igual o volver a hacer otro cambio, pero la lluvia de esta ciudad cada vez era más fuerte y ese pensamiento se esfumaba tan rápido como tu motivo. Era efímero. Y llegó el día en el que todo cambió y te desenfocaste. Te equivocaste de tal manera que querías dejar de existir por el precio tan caro que te tocaba pagar en este momento. Ya no había vuelta atrás, el vacío te había sobresaltado y era imposible huir de él -fracaso. No siempre es el odio el que quema, siempre ardía con la impotencia, de haber elegido aquella tarde, hacía tanto tiempo atrás, de acostumbrarte a lo mismo -rechazo. No volverá lo que perdimos, ni tampoco dejará de irse todos los días. Todas las marcas de mi conciencia quedaron en aquel vagón, ahora roto para mí, ahora con estructuras flojas en mi cabeza. Ya no querrás lo mismo -no interior. Pero al cabo de mucho tiempo, cuando vuelvas a florecer, y te hayas recuperado de raíz ¿qué es lo que pasa ahora? Los coágulos de las heridas que no quise escribir, y las lunas llenas pensando en aquello ya no existen. Porque he vuelto a ser otra persona y he retornado a este lugar. Me pregunto qué me esperará después de tanto tiempo en este vagón reedificado -pensamiento-...
Curioso, ¿verdad?