Era volver a necesitar el poder que perdí, siempre en el invierno. Ese cuerpo me estaba haciendo retroceder, se quebraban los trozos de mi vida por cada paso que andaba, y tenía una sonrisa enorme en la cara. Nadie llamaba a mi puerta, y nadie gritaba tan en silencio como yo. He estado perdida estas últimas semanas, en busca de mi verdadero yo, levantando pestañas y viendo luces y no lluvia, viendo soledad y cobijo por cada rincón de estas calles, y soñando con mi mundo interior, mi favorito. Las piedras de este camino me están haciendo persona, siempre con las contradicciones, y todo ello fue un hecho que viste en mí, mientras me dibujabas poemas en la espalda. El único alimento del que se ha servido mi cabeza han sido las páginas que escribo, las palabras que digo y mis maneras son parte de ella, pero no me sirven. Es muy relativa la distancia. Es comparable a los ojos de un ciego, se comparte con otros sentidos. No necesito ver para sentir. No necesito mis alas cuando estoy en el cielo buscándote.
Mi desencanto te volvió diferente, quizá cambiante, pero yo estaba siguiendo el camino de luces,y las empecé a ver cada vez más discretas. Me fijaba siempre en ellas cuando estaba mirando a las gotas de mi ventana, pero la distancia acabó por llevarme y me quedé ciega otra vez, con los 4 sentidos rodeándome. Las luces de mi futuro, encontrando el camino.