No quedan ejemplares de tristeza en mi manual,
porque los he regalado todos.
Y es mi ego el que dibuja,
pintando sombras en las razones
de no ser una más.
Quizá porque el tiempo me ha desvelado demasiados capítulos,
sin quererlo.
La distancia que me separa de la tierra es intangible,
y esa inconsciencia se clava tanto
que no puedo abarcarla.
Cuando se apaga la luna,
trato de nublar las estrellas escribiendo relámpagos,
trato de abandonarme para darme a la vorágine del recuerdo.
Pero quiero salir de aquí,
empaparme de vida,
recorrer dunas inacabables
y plantar todos mis sueños.
Quiero regalarme a la inconstancia del amor
recordándome que el equilibrio merece la pena.
Quiero llegar a la cama y pensar que todo el hielo se ha roto,
que voy a reconstruir un palacio con sus trozos.
Que luego vas a llegar con tus ojos para derretirlo
y edificar un paraíso,
donde solo existan las esperanzas.
lunes, 27 de junio de 2016
jueves, 9 de junio de 2016
-Se hace tarde- Le dijo-
Pero en esa ciudad nunca amanecía ni dejaba de anochecer en cada momento. La realidad era que aun sintiendo el humo de ese rebaño, aun creyéndose humanos como el resto, podían bailar con las sombras de las farolas, y saltaban, como estrellas fugaces entre las supernovas faltas de vida.
Se enseñaban a arrancarse más fuerte las horas del reloj, su colapso había estallado en conexiones infinitas de lenguajes no verbales, habían superado los principios de la gravedad. Y aún así se podría decir que no eran palpables a espacio físico.
Sonaban en un pentagrama que dejaba fluir su vocabulario, daban forma a las notas efímeras de las dudas, se rezaban a sí mismos porque estaban llegando hasta el centro de la humanidad, a robar el corazón de las personas sin prejuicios.
Y además establecían vínculos que afectaban hasta al amor, haciéndole reconocerse inútil ante ellos. Porque hasta la luna quería verles brillar, para al fin tener el descanso eterno.
Se enseñaban a arrancarse más fuerte las horas del reloj, su colapso había estallado en conexiones infinitas de lenguajes no verbales, habían superado los principios de la gravedad. Y aún así se podría decir que no eran palpables a espacio físico.
Sonaban en un pentagrama que dejaba fluir su vocabulario, daban forma a las notas efímeras de las dudas, se rezaban a sí mismos porque estaban llegando hasta el centro de la humanidad, a robar el corazón de las personas sin prejuicios.
Y además establecían vínculos que afectaban hasta al amor, haciéndole reconocerse inútil ante ellos. Porque hasta la luna quería verles brillar, para al fin tener el descanso eterno.
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