-La que nos inventamos.
Aquella que se vuelve de hielo cuando llega el frío en las primeras tardes de otoño.
El viento fresco ya no me da el calor que esperaba.
Estamos demasiado lejos como para ser reales
cuando la realidad es nuestra mejor amiga.
La moraleja de todo esto es el tiempo. Y te da miedo reconocerlo.
Porque yo ya lo estoy sintiendo aunque esté a miles de galaxias.
Porque tú no bajas más que yo, porque mi lucidez me pesa y nadie la conoce.
Y tú creías que sí.
Estas al mismo nivel pero en otro mundo.
Estás a años luz de reconocerme como la primera vez.
Porque tú ya no vuelves y yo ya me he ido hasta de mí misma,
pero a ratos.
Porque estoy hecha de esto.
Querías un eterno cuando sabías que podrías huir de mí siempre, aunque me vuelvas a sentir dentro de ti.
Aunque te muerda el alma y te desgaste la espalda.
Estamos hechos de la misma materia pero en otro estado.
Tú no podías ser agua,
y yo me evaporé en tu océano.
lunes, 21 de septiembre de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
Faltas y dudas eternas
Podríamos empezar a construir si nuestra materia fuese acorde a nuestro diseño. Que nuestra vida fuese atemporal y tuviese replay. Las verdades serían de relleno y la imaginación no tendría sentido. Porque cuando estás hecho de placas vacías, las llenas no pueden encajar bien. Y las que lo intentan siempre vuelven al principio de todo, quebrando ilusiones marcadas.
Puedo verme en los ojos de algunas personas, pero no siempre son las piezas que me faltan, y me absorbe esa idea. No soy capaz de asumir que nada puede ser como creo que es, porque nunca es, porque siempre es nunca.
Me reconforto en los vacíos porque llenan los espacios mal construidos de los que renazco, y no puede ser tristeza si de ella vuelvo a ser quien soy cuando plasmo continuidades. Que dicen que eres lo que callas, y por eso es tan difícil descifrarte, pero también es más interesante y más constructivo, y por lo tanto, más efímero.
No puedes dar pasos en falso si de tu venda sale la respuesta. No puedes negarte a ti mismo hasta que el reflejo diga basta. Sencillamente, no puedes jugar con el miedo, porque eso es otra historia.
Me gusta enfrentarme a mis miedos si al mirarlos los destruyo, sino, desaparezco, y solo la estela blanca de la noche brilla por mí. Y llega la siguiente y con ella sus retóricas. Al fin y al cabo, no podemos sentir su libertad, porque esta noche estamos sobrios y no tenemos ningún plan.
Y quedan esas musas de las que todos hablan pero a las que nunca miran; lo saben como yo:
Ante la duda, lo que la despeja.
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