jueves, 21 de marzo de 2013

El día mundial de la poesía y yo siempre llego tarde.


Saliendo de mi cabeza junto con mis ánimos, daría mil vueltas para encontrarlo de nuevo. En mis aceras
se resbalan las miradas si lo siento, en sus armas, la velocidad de mi existencia, la lentitud de tu olvido y
las historias, que cuentas como clavos en tu estómago, manchando con tu sangre la tinta de mis versos, otra vez, me busco y no me encuentro hasta que llegas tú primero. 
La vuelta al inicio de la fábula, comienzo a escucharla, yo no creo en la distancia y encontré tu táctica, por
mis sobresaltos de misterio cuando nos rozábamos, hoy mi cielo apático está creando como la alquimia, anticipando la vista en tus horizontes hasta llegar a los puntos suspensivos con cara de víctima.
Me reconoces entre tantos párpados, te reconozco en otros rostros cuando camino sin rumbo, por el olvido de tus sombras rodeándome, haciendo surgir mi mundo interior, ese al que nunca llegas, al que siempre rozas con tus palabras, al que dejas anímico y sin armas.
Ya he agotado mis capítulos, pero sigo intentándolo por la autodestrucción, el poder único que nadie lo toca 
excepto yo. Esclavos de la monotonía, ciegos de sustancias no digeridas por todos, abstracta y transparente como  ellas, con las resacas en el centro de tu alma, de tu música. Puedo tocar las palabras con solo estirarme, soñandome en la realidad, alzando vistas, una alternativa que me saque de mi esperanza más difusa. Por las estrechas calles de esta avenida tratando de expulsar alguno de mis más sentidos impulsos, que arrancando mi piel a tiras, son los dueños de mis creaciones, alzo de nuevo la mirada pensando en que te debo la mitad de mi nostalgia.

sábado, 16 de marzo de 2013

No hay nada más importante en la realidad que la soñada.


Hablando en bajo con mi pensamiento conseguí este reto, y hoy lo estoy pagando. La voz de la inocencia está apagándose con cada coma, y los puntos finales comienzan a evaporarse.
Con cada línea me pregunto como será esa voz en mi otra vida, cómo será el final del viaje, y me desconciertan mis palabras de derrota. Es cierto que no podría definirlo todo, pero mis palabras están en guerra todavía y mis  recuerdos se están matando, pero los días que pasan me dan más vida. Con mis manos desgarrándote el hambre de versos hacia nuestra tregua sin temor a volver a ella, sin más calor que un aliento que crea mi atmósfera perfecta, consiguiendo ese cambio
de un segundo que hace que mis palabras terminen su lucha por ese instante, no lo podría definir. No me podría definir.
Y tú, observando mis miedos desde lejos, sabiendo que en el paso de estos instantes acabará por convertirte en lo que nunca queremos, en lo que nunca dijiste, es inevitable hacerlo concreto cuando somos tan abstractos como un cuerpo sin forma, pero hablando de
alma. No puedo con tanta información en mi cabeza, y en un respiro me quedo en blanco y me veo reflejada en el espejo que tú conoces y vive dentro de mí, mi otro yo, etéreo, distante, que me hace ser como soy en su conjunto.
Solo es otra noche, en el olvido de todo el mundo, de todas las estrellas que caen sobre nuestros párpados, en el olvido de mi nombre en tus labios cuando te acuestes.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Perdí la cuenta, perdí mi norte.


Quedan pasos en la última curva de mi calle y la luz que cierra mis párpados me dice que ya es la hora de volver, y de nuevo llego arrastrándome, pero no me importa. 
Hay una farola que parpadea vibrante, estremece mis pulsaciones y el sudor de mis manos vuelve a aparecer, pero nadie me sigue. 
Veo cuerpos arrancándose el drama en un portal, tumbados en los cristales verticales e ilógicos de cualquier puerta, llevándome definitivamente al desastre de los viernes, pero tengo más luces que ellos. 
Y vuelvo a mirar hacia arriba, y cada vez me ciega más, no puedo dar más pasos y caigo, caigo sobre el asfalto frío y mojado de la inconsciencia, pero aunque en lo más profundo de la ciudad yazca un cuerpo cálido lleno de vida, mi elegancia se ha perdido en los tejados... pues de repente, vuelvo a abrir los 
ojos y solo veo nubes.
Y me diréis, con asombro, por qué me sale esta historia... Y es que la metáfora de cada distancia, de cada verso... La tenue duda que me distingue del  resto entre las sábanas, y todo lo que nadie jamás conoce sobre mi existencia, se verá en cada gesto y cada desequilibrio.
Y todo pasó y murió en el horizonte. Y todo se quemó y ahora ya no existe. Y aún sigo creando entre mis cenizas. A las que nunca vuelvo, de las que tú renaces. Y algún día te devolveré la huella que dejaste.
Vuelvo a mí y me reconozco, como una puta en el desierto el día de su cumpleaños.  Sigo siendo la mirada ausente, la que te recita con los relámpagos de sus ojos sin hablarte, y con una cruz marcada en los labios.
Vuelvo a nosotros, y ahora como alcohólicos melodramáticos, empapados otra vez por la cascada de la indiferencia buscando un donde, pues el por qué solo está en mi diccionario.