jueves, 16 de octubre de 2014

Cruces.

Me lanzabas miradas y me hacías nudos, 
y todo se volvía blanco. 
El desnivel en tu acera 
te guiaba a mi ventana,
y allí estabas. 
Interpretando guiños y dando tumbos ,
sintiendo el ácido del beso que se volvió noche. 
De repente cayó de rebote,
y sintió el vacío por los ojos. 
Rojos de infamia. Amarillos de brillo. 
Divagamos a través de las paredes,
y ya no había más oscuridad. 
Nos prendimos los cables del talento. 
Brotaban palabras como fuentes, 
y el delirio era elixir. 
No me escupas la rabia,
cuéntame secretos
que me rompan este silencio.
Mándame las luces y escríbeme. 
En esta guerra de papel, 
con resaca del desgaste.
Súbete,
y consigamos la perfección,
volviendo a la niñez. 
Y paguemos el delito con estas cartas. 
Sobre los márgenes quedará la historia, 
presa de ese matiz.
La soledad nos hace mártires.
Des núdame con tus grilletes y cúbrete. 
Corre de nuevo a casa
y acuérdate,
de que solo la poesía nos hará libres.