miércoles, 30 de marzo de 2016

No quieras ser alguien. Sé.

Hay algo en mí que no me deja ir, 
que sueña con volver a todo aquello. 
Que inventa cada día una excusa,
que se deja mecer por lo que fue y pudo ser. 
Hay algo en mí que emana la vejez de mi cabeza,
y es la ingrávida memoria que flaquea cuando la enfrento.
Estoy esperando lo que nunca llega:
El despertar silbándole al Sol
volviendo a sentir la niñez en mis párpados.
Las primeras chispas de unos ojos,
con respuestas sin preguntas.
La nostalgia de mi barrio,
la dilatación de las pupilas,
las lágrimas de felicidad,
el diario de los 11.
Y en los primeros rayos de Abril,
ya no queda nada,
porque me invento cada día un paso,
me anclo al pasado que ya no existe.
Sospecho que todo el mundo me sabe
y sufro en el daño que causo.
A nadie.
En ningún lugar
.

martes, 29 de marzo de 2016

La primavera.

Hay amores perdidos en el tiempo,
música que rescata el olvido,
sexo guardado en la indiferencia.
Pero qué importa si nadie lo nota,
porque apuran la gota que colma la indiferencia.
Con un último aliento me pregunto,
cómo he cerrado este párrafo.
Sin las prisas que me gasto, 
cuando pago la renta de tu cuerpo.

Todas las incógnitas pueden despejarse
pero las respuestas se pierden en el aire
y los intermitentes recurren al presente.
Tengo la sensación de que algo está perdiéndose,
que el sudor del cuerpo que renace 
calma la noche que se pierde.
Y las leyes que nos pusimos explotan en el folio. 
Plasman la lucidez que retorna un segundo, 
pero que se esfuma en la desesperanza.

Las personas somos carne de distancia,
de ego borra la niñez de aquellos años,
y ninguno se recuerda feliz porque todo pasa rápido.
Yo reniego a estrellarme en la tinta,
dejo que me lleve lívida al olvido,
que me salve en cada detalle, 
y despeje el colapso de esta emoción constante.

Jamás volveré a aquella orilla,
pero adelante, te cedo mi precipicio.
Dejo que pases junto a mis miedos,
y me recites poemas en silencio.
Hay verdades que no se explican,
que si las imaginas,
crean esa realidad que vives.
Después de esto se borran los recuerdos,
vuelves al punto de la esencia
que no caduca,
y necesitas un rescate.

No pienses que no pienso,
que lo que piensas es en ti,
porque nadie lo hace.
Porque estamos esparcidos en cada letra
de un poema volátil.
La vida.



lunes, 28 de marzo de 2016

07:54

No me robes los insultos, ni las caricias.
No compartas tus fantasmas
y mira bajo tu cama los restos de cordura.
No me alcances ni de lejos,
sigue la esencia que te corresponde.
Déjame caerme al suelo y luego entiérrame,
Quémalo todo.
Escribe con música y deja que conteste sin ella.
Repítelo frente al espejo,
confunde esa admiración.
Entiende tu cabeza,
colocate en tu silla
y tortúrame
y quiéreme como se quieren los otros.
Después de eso, ríete
y fúmate uno.
Ahora piensa tu coartada.
Déjame seguir siendo única,
déjame fluirte mi verborrea en tu cabeza.
Que no puedo aspirarte en tristeza,
ni en amor, ni en materia.
Quiero que me dibujes y me pongas sombras en los capítulos,
que rompas con la nebulosa de mi cárcel.
Y vamos a corrernos.
Suéltate las cuerdas, lléname de chispas,
y que se accidenten nuestros cuerpos.
No sintamos dolor, hazme perseguirte alrededor del parque.
De esta plaza vacía, a media noche,
y sigamos siendo uno.
Porque incluso cuando me cierras las puertas,
me dejas en tu rincón de pensar
y te haces las paces.
Y mientras yo estoy en otra órbita,
esperando a que vuelvas.

Reconstruyendo vidas desde el 92.

Te obstinas en escupir a la mano que te salva cada noche, 
y dejas que sane cuando has aterrizado.
Detrás del aquel paisaje veo perennes las hojas que te escribí sobre él, 
y me pongo enferma.
Estas ganas de mirar a la muerte para reconocerte me dan la vida, 
hacen que amanezca en la eterna adolescencia 
por cada orgasmo que me quitas. 
Te hablo de un viaje con vistas al vacío y sin paracaídas, 
te hablo de lo humildes que parecen tus ojos cuando no los clavas en los míos.
Te hablo del jardín en el que el sol acorrala las penas, 
que crea esperanza para la gente que traiciona los límites. 
Quédate para tocar el núcleo de la temeridad.
Y desvísteme el alma.