y el invierno que recorre mis huesos
me lleva a una zona atemporal.
Respiro hondo desde mis abstractas raíces para aliviar el frío,
pero no siempre lo soporto porque mi abrigo está mojado,
porque mi única protección vive en mi cuerpo
y no la diviso desde aquí arriba.
Las líneas que dibujo no se borran en la oscuridad,
y el silencio las hace singulares y eternas.
Las conexiones son lo único que permanece en esta realidad difuminada,
y puedo hacer que no se extingan,
que se aviven a medida que cojo impulso.
Sólo escucho lo que me dictan las sensaciones,
al enunciado que responde a una pregunta ambigua.
Y sigo tomando antibióticos contra el amor,
contra el miedo que me retrata.
Sólo escucho sus diagnósticos,
y me pitan los oídos,
y cuando me doy por completo desaparecen los síntomas,
dejo que mi alma libre roce cada milímetro de esta enfermedad.
Porque tus frenos están alerta de mis pies
ya que cada vez que huyo todo esto vuelve
y no me deja avanzar.
Vivo en la nube de las noches que no duermo
y los días que gasto creyendo que todo vuelve al mismo punto.
Y me veo flotando en el espacio,
porque cuando llegue el big bang
ya estaremos muy lejos de este planeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario