I met the Silence in a tram. It was a day as slow as any absurd comedy, translated into tragicomedy since 3 pm. When I escaped, the storm stalled my bones making me turn to another direction. And I came up against the Silence when I got into it. The lines that defined him were just metaphors that I deciphered in my head, they were even rhymes.
Everything was so harmonious that I thought I smiled for a moment, and when I realized I looked to Silence's eyes. It was so subtle that I didn't feel his dark eyes were searching me, insightful. The images came up to me as quickly as the movements that I saw in front of me, his hand lines, the clothing wrinkles, even the broken pants. Everything was writing in my head, and it was poetry.
My curiosity exceeded my self-esteem in those moments. And also the fear to not react. Or to react stupidly. I got out there quickly without thinking, and Silence took some seconds to react, but he also did. But this time... I didn't look back.
And the story has become into reality, and I actually started abstractly. Always and never. And I came back home.
La delgada línea azul que separa el cielo del mar se funde en él. Poco a poco el Sol desaparece en la profundidad del horizonte, pero sigo contemplando el paisaje a pesar de la oscuridad que me invade. De pronto, una luz blanca me sonríe, y me encuentro mirando hacia arriba con la luna cubriendo mi cuerpo desnudo en la playa. Es la voz de la distancia, la botella que se derrama pero que no estalla contra el suelo por estar acostumbrada.
Conocí al silencio en un tranvía. Fue un día tan lento como cualquier comedia absurda, traducido en tragicomedia a partir de las 3 de la tarde. Al escaparme, la tormenta caló mis huesos haciéndome huir de nuevo en otra dirección. Y me encontré con el silencio cuando me subí. Los trazos que le definían eran metáforas que sólo yo descifraba en mi cabeza, eran incluso rimas.
Todo era tan armónico que creí sonreír por un instante, y cuando me di cuenta, miré al silencio a los ojos. Fue tan sutil que ni siquiera sentí que sus oscuros ojos me buscaban, perspicaces. Las imágenes me venían tan rápido como los movimientos que veía delante de mí, las líneas de las manos, las arrugas de la ropa, incluso los rotos de los pantalones. Todo se estaba escribiendo en mi cabeza, y era poesía.
Mi curiosidad superaba a mi autoestima en esos momentos. Y el miedo a no reaccionar. O a reaccionar de forma estúpida. Me bajé rápido sin pensar y el silencio tardó segundos en reaccionar, pero también lo hizo... Pero esta vez no miré hacia atrás.
Y mi historia se ha convertido en realidad, y eso que empecé de forma abstracta. Siempre y nunca. Volví a casa.
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