y todo se volvía blanco.
El desnivel en tu acera
te guiaba a mi ventana,
y allí estabas.
Interpretando guiños y dando tumbos ,
sintiendo el ácido del beso que se volvió noche.
De repente cayó de rebote,
y sintió el vacío por los ojos.
Rojos de infamia. Amarillos de brillo.
Divagamos a través de las paredes,
y ya no había más oscuridad.
Nos prendimos los cables del talento.
Brotaban palabras como fuentes,
y el delirio era elixir.
No me escupas la rabia,
cuéntame secretos
que me rompan este silencio.
Mándame las luces y escríbeme.
En esta guerra de papel,
con resaca del desgaste.
Súbete,
y consigamos la perfección,
volviendo a la niñez.
Y paguemos el delito con estas cartas.
Sobre los márgenes quedará la historia,
presa de ese matiz.
La soledad nos hace mártires.
Des núdame con tus grilletes y cúbrete.
Corre de nuevo a casa
y acuérdate,
de que solo la poesía nos hará libres.
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