A veces pensaba que los días de la semana no existían, pero cuando llegaba al domingo, el día tenía colores diferentes. Un día supe lo que era investigar un domingo hasta dejarlo exhausto. Si, sin ninguna duda, sobre todo los domingos grises, esos con agua en los cristales. Y la sombra que tenía rodeando mi ombligo viajaba conmigo, lejos. Esa habitación era otro planeta, y las órbitas que veíamos nos torcían las vistas, nos nublaba la mente. Era la rutina de domingo con un nuevo planeta cada día. Solo con el puente de humo que nos separaba era suficiente, y la lluvia del cristal parecía mojarnos a los dos cuando ocurría. De repente un día el amalgama de colores que teñían la habitación se volvió blanco, y allí solo quedaba el eco de nuestra respiración. No sé si era mi cabeza que había explotado o era porque ya estaba subida en ese avión. Tú seguías sonriendo de la forma triste que me gustaba, pero tenía que poner los pies en tierra. Y así, sin ni siquiera parpadear dos veces, volé. Y la luz de mi domingo ya se había apagado por completo.
Sigue siendo mi terapia:
www.youtube.com/watch?v=huZwm0KuKE4&list=PL832B187943FE3D4D
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