domingo, 29 de septiembre de 2013

Un mes.


Esa sensación de llorar de felicidad, de estar de buen humor por la mañana, de despertar en medio de la noche y reirte, de correr por las calles de madrugada. Eso es vida. Y dejé a un lado los relatos tristes para volver a mí por un momento. Ese guiño que me tira desde el espejo cuando me veo, cuando siento que me alcanzo un poco más, y luego suspiro. Y se me escapa un poco de amor. Quien lo entienda ganará. En este otoño de pensamiento me están creciendo alas, y con el septiembre que muere emprendo el vuelo, hacia el lugar que me corresponde, sin saberlo, pero sin mirar atrás. Y así fue cómo empecé a escribir. Difícil coger mi mano hasta fundirte, fácil el impulso que me saca del sueño. Como un ave que necesita el viento para mecerse, y el sol para quemar las viejas retinas del pasado... Sé que viste la silueta una vez más en este insulso verano, cada noche, cada lágrima y cada triste sonrisa que termina en calada. Y el amalgama de electricidad que recorre mis venas, explota con el recuerdo de aquellos despertares, ahora extraños, sin musas en mi puerta. Y supe que los dos sabemos querer, pero esa idea no la soportas. Una vida llena de experiencias rotas por los mismos, pero en proceso. No busco que me entiendas nunca, no busco una respuesta. Me reconforta la idea de que pude hacerlo y tú lo entendiste una vez. Eso bastó para matarte para el resto de tu historia.

Una reflexión desde el otro lado de tu planeta, en mis mejores días. Parece que volví a abrir los ojos otra vez en una nueva etapa de mi vida. 

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