lunes, 23 de septiembre de 2013

La delgada línea entre aquellos antónimos.


En la noche de estrellas nubladas, de los cuerpos vibrantes, de miradas que queman, me encuentro. 
El frío congela mis ganas, aunque esta noche sea eterna, y me llevan de la mano sin darme cuenta. La mirada triste, los ojos cansados  y el rimmel por las mejillas, mis labios en tus labios, sin pedir la cuenta.
En la noche que me habla, que me deja sin aliento, disipa las dudas de mi persona mientras bailo entre los destellos.
Vi tatuar tus huellas en mi espalda, vi arañar con tus uñas el cielo, pero sólo hoy, sólo esta noche. Y desapareceremos.
Entre esas manos, desgarrando mis pensamientos, entre esas sábanas, teñidas de alcohol y ceniza.
De mis labios cae la última gota de vodka, de mis ojos el último relámpago, y sin entender ni una palabra entras en mi juego. Nos atrapamos.
Volveré a elevarme de esa forma, a recordar que los sueños son sueños pero les pongo argumento, y que perderme bajo la lluvia de las calles hace el mismo efecto.
Quién podrá acordarse de ese parpadeo, de los círulos de humo, y del imán de tus dedos. Sin sentido siento cómo vuelves, muy despacio, a colarte entre mis dudas, y tan sólo huyo, eligiéndome.
Los gritos y los vasos se oyen de lejos, y no puedo escuchar más que mi a cabeza en ese taxi, mientras me alejo más y más

de mí misma.

Voy hacia niguna parte, y, en esta noche, es la mejor parte del mundo.

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