Podría amarlo todo dando a cambio de dosis de vida. Podría expandir mundos y batir alas mojadas. Podría tener el récord de saltos al vacío, y la arrogancia de reconocerme valiente ante ello. Podría seguir con mis ecuaciones irresolubles, haciendo caóticos mundos que ni siquiera conozco. Podría macerar recuerdos en vitrinas de diamante, adiestrar fantasmas confiando en mi sensibilidad.
Pero no cambiaría un minúsculo ápice de lo que veis, no vendería mis palabras a cualquier persona. Correría riesgos dentro de mí misma, cerraría etapas tóxicas, vencería al ego. Sembraría huracanes midiendo la escala de mi piel, y pensaría en los inviernos en los que no existíamos.
Porque con solo un beso de relámpago pararíamos el tráfico y la magia pasaría a ser personaje secundario. Porque creamos un lenguaje muy lejos de la exasperante quietud del resto del mundo, y la distancia sublima cegándonos de sensaciones, a pesar de que no entiende este idioma. Conspiramos con los satélites intangibles que rodean nuestros cuerpos para que estimulen nuestra parte humana, y dejamos que el deseo nos construya.
Y para terminar, defraudamos a los calendarios por nuestra falta de atención al reloj.
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