No quedan ejemplares de tristeza en mi manual,
porque los he regalado todos.
Y es mi ego el que dibuja,
pintando sombras en las razones
de no ser una más.
Quizá porque el tiempo me ha desvelado demasiados capítulos,
sin quererlo.
La distancia que me separa de la tierra es intangible,
y esa inconsciencia se clava tanto
que no puedo abarcarla.
Cuando se apaga la luna,
trato de nublar las estrellas escribiendo relámpagos,
trato de abandonarme para darme a la vorágine del recuerdo.
Pero quiero salir de aquí,
empaparme de vida,
recorrer dunas inacabables
y plantar todos mis sueños.
Quiero regalarme a la inconstancia del amor
recordándome que el equilibrio merece la pena.
Quiero llegar a la cama y pensar que todo el hielo se ha roto,
que voy a reconstruir un palacio con sus trozos.
Que luego vas a llegar con tus ojos para derretirlo
y edificar un paraíso,
donde solo existan las esperanzas.
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