lunes, 28 de marzo de 2016

Reconstruyendo vidas desde el 92.

Te obstinas en escupir a la mano que te salva cada noche, 
y dejas que sane cuando has aterrizado.
Detrás del aquel paisaje veo perennes las hojas que te escribí sobre él, 
y me pongo enferma.
Estas ganas de mirar a la muerte para reconocerte me dan la vida, 
hacen que amanezca en la eterna adolescencia 
por cada orgasmo que me quitas. 
Te hablo de un viaje con vistas al vacío y sin paracaídas, 
te hablo de lo humildes que parecen tus ojos cuando no los clavas en los míos.
Te hablo del jardín en el que el sol acorrala las penas, 
que crea esperanza para la gente que traiciona los límites. 
Quédate para tocar el núcleo de la temeridad.
Y desvísteme el alma.

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