No compartas tus fantasmas
y mira bajo tu cama los restos de cordura.
No me alcances ni de lejos,
sigue la esencia que te corresponde.
Déjame caerme al suelo y luego entiérrame,
Quémalo todo.
Escribe con música y deja que conteste sin ella.
Repítelo frente al espejo,
confunde esa admiración.
Entiende tu cabeza,
colocate en tu silla
y tortúrame
y quiéreme como se quieren los otros.
Después de eso, ríete
y fúmate uno.
Ahora piensa tu coartada.
Déjame seguir siendo única,
déjame fluirte mi verborrea en tu cabeza.
Que no puedo aspirarte en tristeza,
ni en amor, ni en materia.
Quiero que me dibujes y me pongas sombras en los capítulos,
que rompas con la nebulosa de mi cárcel.
Y vamos a corrernos.
Suéltate las cuerdas, lléname de chispas,
y que se accidenten nuestros cuerpos.
No sintamos dolor, hazme perseguirte alrededor del parque.
De esta plaza vacía, a media noche,
y sigamos siendo uno.
Porque incluso cuando me cierras las puertas,
me dejas en tu rincón de pensar
y te haces las paces.
Y mientras yo estoy en otra órbita,
esperando a que vuelvas.
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