música que rescata el olvido,
sexo guardado en la indiferencia.
Pero qué importa si nadie lo nota,
porque apuran la gota que colma la indiferencia.
Con un último aliento me pregunto,
cómo he cerrado este párrafo.
Sin las prisas que me gasto,
cuando pago la renta de tu cuerpo.
Todas las incógnitas pueden despejarse
pero las respuestas se pierden en el aire
y los intermitentes recurren al presente.
Tengo la sensación de que algo está perdiéndose,
que el sudor del cuerpo que renace
calma la noche que se pierde.
Y las leyes que nos pusimos explotan en el folio.
Plasman la lucidez que retorna un segundo,
pero que se esfuma en la desesperanza.
Las personas somos carne de distancia,
de ego borra la niñez de aquellos años,
y ninguno se recuerda feliz porque todo pasa rápido.
Yo reniego a estrellarme en la tinta,
dejo que me lleve lívida al olvido,
que me salve en cada detalle,
y despeje el colapso de esta emoción constante.
Jamás volveré a aquella orilla,
pero adelante, te cedo mi precipicio.
Dejo que pases junto a mis miedos,
y me recites poemas en silencio.
Hay verdades que no se explican,
que si las imaginas,
crean esa realidad que vives.
Después de esto se borran los recuerdos,
vuelves al punto de la esencia
que no caduca,
y necesitas un rescate.
No pienses que no pienso,
que lo que piensas es en ti,
porque nadie lo hace.
Porque estamos esparcidos en cada letra
de un poema volátil.
La vida.

Tienes mucho talento
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