jueves, 31 de enero de 2013

Lo que nunca supiste.



Las luces de los coches con velocidades de vértigo, soy yo o somos dos, me duele la cabeza de rompérmela con letras, con el flexo rojo bajo la luz de las ideas, el resentimiento de los espejos entre tu mirada y mi ombligo, a mi me pesan las ganas pero siempre llego tarde y lo nuestro se resumió en papeles mojados, postales de versos con manchas de pintalabios. Abriste mi cuaderno y me cerré para siempre, tú y yo a miles de kilómetros. Sin dinero y con ganas de fumarte las mañanas, mi tristeza sometida a la luz de las farolas de la calle, con las palabras que nadie me dijo, con los besos que me dio a contracorriente. La parte de mi que no supieron, la otra que creaste. Después lo superé y salpicó mi sonrisa, es mi día de suerte y tú mirando a la luna corriéndote. Me rendí ante aquellas noches y este poema tiembla y me despido con el aire. Llora entre las sombras, cuando descubras que te desnudé por dentro incluso con las cosas que no me dejaste contarte. Estoy quitándome y hoy es el día, las carreras de mis medias esta noche te guían, cuando calaste en mis huesos y gritamos, y yo lloraba en los lavabos. Ahora duerme y recuerda, el tren no avisa en los andenes, intacta contando las páginas vacías que llenaba sin conocerte. Parpadeante entre mis dudas, las creaba perfectas y no encontré el error de mi inconsciencia. Miro atrás, cuento por delante la distancia de cuando fuiste nunca... y nunca se hizo siempre.

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