Cuando la luz naranja de la noche nace,
nuestras almas se encienden desde tierra firme,
y viajan libres,
mezclándose con las lunas de otros siglos.
Reaparecemos vestidos entre dos pieles,
creando supernovas de nuestras explosiones.
Ya suenan los vencejos en la calle,
porque en esta noche
desprendemos más luz que en primavera.
Deseamos la paz del domingo,
en cada paso que damos,
desnudamos al reloj
y le ganamos la batalla.
Y esta cabeza de otros siglos
quiere conocerte
en el fin de otros tiempos,
para así chocar un día.
y hacer que el presente no tenga límites.
No hay comentarios:
Publicar un comentario