domingo, 7 de abril de 2013

Yo tampoco sabría cómo titularlo.


Por tus laberintos, pasillos y paredes, 
no hay hilo más firme que el de la intuición.
No cortes el cable invisible, que caiga el puente por su peso, 
pero no mates al arquitecto.
No dejes que el silencio ahogue un buen verso,
ni que una mala palabra rompa el hermoso silencio.

Por tus susurros, aliento, 

respiración se escapa el eco del miedo
No dejes que tus labios mientan otro nombre, 
no dejes que los míos se castiguen sin estas letras.

Por el precipicio en el que miras no hay abismo, 

ni aguas tormentosas
No creas en el miedo, si no en el vértigo.
No dejes de hacer equilibrismo, pero sin mirar abajo,
no dejes que la lluvia te permita resbalar.

Por las paredes de mi cárcel te escribo ensangrentado,

no hay puñal en la escena, y no hay delito.
No puedo susurrar y grito.
Pero no hay muro más estricto, ni carcelero más indolente
que la piel en la que habito
mientras tu habitas mi mente.

No hay puñal, y no hay delito,

pero sé que sigo vivo.
Que impares juntos hacen pares,
se resolverán los empates.
Yo mientras tanto, te escribo.

El folio en blanco, fundiéndose con mis lágrimas

y reinventando con cada letra la alegoría de los días.
En tus ojos vi al poeta,
en mis huesos el desaliento quebró y tuve el sol en mis manos.
Cegándome las noches, anunciando los kilómetros en tus labios.

Era una visión en medio del desierto,

o una pieza olvidada en el cajón de la infancia.
Pero su mirada estaba brillando,
y los cristales en el interior se partían
por el latido.

Vibraba la ciudad y estábamos huyendo,

los golpes en los charcos nos teñían las piernas,
recordando la lluvia de nuestros cuerpos
invadiendo los recuerdos de aquella tarde,
en la mañana de nuestra historia.

Y vuelvo a las sombras, 

cuando tu rostro tiñó mi nostalgia,
y la inocencia de tus gestos enredados en mis palabras
me hicieron crear para salvarme.
Me despertaste del sueño.

Por tu electricidad, 

tus actos vandálicos en mi mundo interior, 
tus ganas de quemarme las ganas con una palabra,
Si no llegué a conocerme fue porque conocías la forma,
Y tu nombre rebota en mi alma, haciendo trampas.

Prepárame el día en el que me vaya,

y no te salgas sin salvarme otra vez.
Todo lo que aprendimos sin mezclarnos,
despídemelo sin lágrimas.
Y vuelve cada noche en tus impulsos.

Gracias por tu parte :)

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