domingo, 9 de diciembre de 2012
Todo final, tiene un principio.
El gran eco de nuestros actos enredados entre vasos y besos eléctricos, derrumbando paredes sintéticas en los rincones aislados que desciframos paseando lentos e histéricos. El paisaje se torna azul, y la luz tenue de la vista recrea nuestras esencias cuando echamos a volar. Y viste desde el hielo profundo de mi huella maldiciéndome susurros magnéticos que crean futuro. Que no somos más libres que ahora, elidiendo las sombras que enredan la mente y saboreando el caos que se vuelve ilícito. Necesitar verlo y beberme a tragos cada sensación, saboreándonos a empujones y llegando empezando desde la llegada adelantándonos, como filtros únicos de un solo origen, capaces de crear desde el vacío en el que existimos.
Y lentos, llegamos al principio del místico final, con retroceso, sin más armas que dos cuerpos hechos para construir mentes de diamante y corazones de cristal. Lo pensaba mientras clavabas tus ojos, ahora lo recuerdo cuando cierro los míos.
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