lunes, 31 de diciembre de 2012

El final del insomnio de 365 días.


En el paso de los días, recuerdame. Es la historia de mi vida, en este año cuento los golpes de mis latidos, ganando terreno y perdiendo el sentido. Por las ganas y por cómo lo hacemos, por lo que dejamos en el camino, es mi filosofía y sé que amaste mis palabras. Y podré soñar entonces, lejos de aquella estela de ilusiones rotas por el tiempo, haciendo equilibrismo sobre mis miedos llegaste y se cerró el ciclo. Como los niños que dijeron adiós para crecer entre matices ahora somos firmes, y sé que me haréis pasillo. Y nada más cerca que tú desnudando mis días, nada más lejos que tu mirada perdida entre mis abrazos, flojos, desde los hombros hasta tu alma. 
Ebrios, sinceros, arrancando la belleza de las cosas, adentrándonos en ella cada vez más, nos damos cuerda. Ojalá no, lo has conseguido, cerrar mis ojos y ver el universo, puedes susurrarmelo. Sobresáltame en cada insomnio, duérmete en mi siempre que lo pidas, que la lluvia del invierno se evapora desde la ventana cuando tocamos el cielo sin salir al frío mundo.
Y la ceniza de cada calada se va con el tiempo, el tiempo de este año, que hoy vemos borroso. La historia de los que nunca perdieron, la puerta entreabierta y las ganas, las letras del infierno que haces que vuelen por encima de mis versos. Crecí entre precipicios y nunca más volví a caer, nunca supe donde estaba, hasta que estuve contigo.

"Es pura matemática: si se altera uno solo de los componentes de un conjunto, el conjunto resultante ya no es el mismo, es distinto, es otro. Si usted cambia, solo con eso, el mundo ya será diferente.[...]

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