Veo al diablo de la angustia, visitándome, no vuelvo la cabeza pero sé que está mirándome, atrás, ahí se queda todo, nivelado bajo el suelo, cien noches eternas presas de ese lobo.
La soledad compartes, la repartes en tus textos, y a pocos miras atrás con los ojitos prendidos en fuego, un ruego, tu juego, desaparece luego, me muero, no puedo, pero escalo la rampa de tus deseos, sincero, acostado en el cielo, y mirando a las estrellas, que quieres que pase luego... a bajo cero, tus
lineas alejándose, no hay cosa más bonita que el delirio de quemarse y esta frase, la robé de un sentimiento pasajero, se acerca lentamente al aleteo de un te quiero.
Pero no, hada no quiere abandonarte, si la dejas en la oscuridad, no sabrá como buscarte, el arte... las llamas de la inocencia, ella las deja atrás, ella, sin huellas va a guiarte. Ella quiere besarte, velarte, tocarte... si tú no eres un sueño, que es lo que veo al acostarme, acuéstate, ven a mi y coméntame al
oído, esos papeles que perdimos sin sentido... diablo abatido, aburrido de la causa del delirio de su nido, que la cambia por su musa, intrusa... dueña de emoción ilusa, arráncame la vida, pero junto con la blusa... deducción de la reacción que creaba en la habitación, las manos deslizando rumbo al nuevo edén en el colchón... y su olor marcó el delito en un nuevo corazón.
Mi amor, sufrió, murió, huyó, pasó, cayó, y nadie curó su dolor, pues su hada había huido, había perdido el control.
Tú ayudaste al alma a recuperarse, y confió... y brindó a sus entrañas el desgarro del adiós, no hay dios, no existió el destino, no hay ni un camino, para trazar el de vos.
Y hada dejó la huella de la lágrima, la historia de las páginas en blanco, las princesas sin un cuento, el príncipe sin pasar por sapo, el guía que cuida de tu llanto... impactos.
Pa que ganar desilusiones, si se da por imposible la noche, en tus balcones, secuestra mi mente un instante, que se paren las estaciones, el tren que lleva mi vida, está aparcado a trompicones, le quiero de día, de noche te espero y no puedo... Y pido a gritos un consuelo, que me lleve a acariciar tu pelo,
caramelo... te veo, desespero, bloqueo el deseo de no poder hacerlo, yo un pez que mordió tu boca cual anzuelo, no quiero mas duelo, que tus manos y tu cuerpo, mi vida entera destruyeron.
La soledad compartes, la repartes en tus textos, y a pocos miras atrás con los ojitos prendidos en fuego, un ruego, tu juego, desaparece luego, me muero, no puedo, pero escalo la rampa de tus deseos, sincero, acostado en el cielo, y mirando a las estrellas, que quieres que pase luego... a bajo cero, tus
lineas alejándose, no hay cosa más bonita que el delirio de quemarse y esta frase, la robé de un sentimiento pasajero, se acerca lentamente al aleteo de un te quiero.
Pero no, hada no quiere abandonarte, si la dejas en la oscuridad, no sabrá como buscarte, el arte... las llamas de la inocencia, ella las deja atrás, ella, sin huellas va a guiarte. Ella quiere besarte, velarte, tocarte... si tú no eres un sueño, que es lo que veo al acostarme, acuéstate, ven a mi y coméntame al
oído, esos papeles que perdimos sin sentido... diablo abatido, aburrido de la causa del delirio de su nido, que la cambia por su musa, intrusa... dueña de emoción ilusa, arráncame la vida, pero junto con la blusa... deducción de la reacción que creaba en la habitación, las manos deslizando rumbo al nuevo edén en el colchón... y su olor marcó el delito en un nuevo corazón.
Mi amor, sufrió, murió, huyó, pasó, cayó, y nadie curó su dolor, pues su hada había huido, había perdido el control.
Tú ayudaste al alma a recuperarse, y confió... y brindó a sus entrañas el desgarro del adiós, no hay dios, no existió el destino, no hay ni un camino, para trazar el de vos.
Y hada dejó la huella de la lágrima, la historia de las páginas en blanco, las princesas sin un cuento, el príncipe sin pasar por sapo, el guía que cuida de tu llanto... impactos.
Pa que ganar desilusiones, si se da por imposible la noche, en tus balcones, secuestra mi mente un instante, que se paren las estaciones, el tren que lleva mi vida, está aparcado a trompicones, le quiero de día, de noche te espero y no puedo... Y pido a gritos un consuelo, que me lleve a acariciar tu pelo,
caramelo... te veo, desespero, bloqueo el deseo de no poder hacerlo, yo un pez que mordió tu boca cual anzuelo, no quiero mas duelo, que tus manos y tu cuerpo, mi vida entera destruyeron.
-en este mundo de palabras, dónde los corazones sangran y van mucho mas allá...
Hola Adriana, tremenda fuerza viste a este bello relato,un placer perderse en él,muchas gracias, pasa buena tarde,besos guapa.
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