miércoles, 29 de diciembre de 2010

Efímero consuelo el golpe contra el suelo sujetado por palabras.


Apunta directo al centro de mi pecho, apunta y dispara, mientras caigo en mi lecho, el corazón agradecido, tejido a aguja e hilo, hoy suspira por librarse de morir por desafío.
Frío en las entrañas, que acompañan a la noche y al derroche de lágrimas, que caen en el punto central de tus brazos, que arropan impacientes al espíritu de cristal, con trazos marcados de adiós en sus pasos. Y le veo a él y el reino que creamos ahora muere por mi hiel, hoy un cuerpo de papel, se deshace en mis labios su miel, el delirio del ser, un amanecer sin sed, sin querer, he vuelto a soñarle, sabed...

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