lunes, 6 de mayo de 2013

Las casualidades no se eligen.


Yo tenía claro en medio de aquella maleza a esas horas nadie saldría con vida de allí, pero ella 
no paraba de decirme que solo con cerrar los ojos nos haríamos invisibles y conseguiríamos escapar. Estábamos matándonos sin querer, habíamos entrado sin darnos cuenta pero con muchas ganas. Ahora, era el momento y la oscuridad me envolvía. Decidí acariciarla por última vez y contárselo al oído, en voz muy baja:

-Y fue allí donde vi mi arco iris más brillante y mis ganas de ganar, donde cada esquina de las calles me hacían temblar por tu presencia, donde el sonido de los vasos resquebrajados me hacía esbozar media sonrisa y soltar media lágrima, donde el hielo que recubre mi cuerpo delimita con el tuyo y se separa. Fue allí donde te encontré y te perderé, y donde podré volar un día por última vez, encendiéndome justo cuando llega el momento, o dejándola pasar con velas derramadas... Ese momento es mi número uno, y solo mi piel es más eléctrica de esta forma. Parece un laberinto de ideas lo que me recorre ahora, y allí puedo encontrarme con ellas y morir por la mañana como una hoguera. Lo recuerdas ahora, la lluvia en la carretera sonaba con fuerza y viste mi sombra desvanecerse entre  los charcos, yo gritaba muy fuerte pero creo que solo para mí, porque no me alcanzaste. Y conseguí llegar y pararte tan fuerte que el impulso me hizo caer, pero eso ahora no importa, porque se está acabando nuestro tiempo..."

Y justo antes de terminar, noté tus trémulos dedos enlazándose en mi pelo, diciéndome con los ojos brillantes:
"Está llegando la hora más cercana al alba y seguimos con vida, creo que me has dado ese poder..."

-Has vuelto a salvarme, chica, sé que has sido tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario