Encuéntrala antes de que se destruya, vaga por su forma hasta que la encuentres perfecta y suéltala, déjala libre. Con la melancolía en mis ojos aparecí desgastada por un pasillo lleno de luces, en el paraíso de las sensaciones, elevándome hasta lo más alto, por mezclar tanto acabaré siendo un arcoiris sin recursos, el pulso no pregunta ni responde. Estoy en el mayor escenario que nadie llegó a tener rodeada de palabras débiles, puedo notar el agua entre mis dedos desvanecerse. Es tan abstracto que ni puedo contestarme, desde que teñi mis días grises solo vivo entre preguntas, vivimos más cuando nos volvemos visibles en nuestro interior, cuando perdemos la noción, cuando nadie puede sostenernos, algo se vuelve tan real como la vida y tan efímero como un pestañeo, porque se desvanece al instante, ya no puedo cogerlo. Con eso del infinito y sus raices, solo yo tengo las respuestas y aún no lo entiendo. Estoy detrás de una puerta queriendo escapar de mí misma, pero las contradicciones nos hacen ser quienes somos y mi mirada se ha perdido entre laberintos con la salida blindada. No hay excusa, no encuentro culpable y al final lo único que se va es el cuerpo, debería dejar de preguntarme el por qué de las cosas, así mi curiosidad muere, y con ella mis ganas, ya vuelvo a contradecirme. La canción inacabada que hablaba de un reflejo perfecto se quedó sin tinta, y en mi orilla yace una sombra que se clavó en mi mente. Y llego sin consciencia a casa un día más para darme contra el cristal de la indiferencia a las 5 de la mañana, estoy enferma de versos que no salen de mi cabeza. Puede que solo sea un día más, y entre días de más ya me echo de menos, decidí pensar en el por qué de la nostalgia y lo único que conseguí fue un sueño de invierno...
sábado, 16 de febrero de 2013
Mis límites y yo.
Encuéntrala antes de que se destruya, vaga por su forma hasta que la encuentres perfecta y suéltala, déjala libre. Con la melancolía en mis ojos aparecí desgastada por un pasillo lleno de luces, en el paraíso de las sensaciones, elevándome hasta lo más alto, por mezclar tanto acabaré siendo un arcoiris sin recursos, el pulso no pregunta ni responde. Estoy en el mayor escenario que nadie llegó a tener rodeada de palabras débiles, puedo notar el agua entre mis dedos desvanecerse. Es tan abstracto que ni puedo contestarme, desde que teñi mis días grises solo vivo entre preguntas, vivimos más cuando nos volvemos visibles en nuestro interior, cuando perdemos la noción, cuando nadie puede sostenernos, algo se vuelve tan real como la vida y tan efímero como un pestañeo, porque se desvanece al instante, ya no puedo cogerlo. Con eso del infinito y sus raices, solo yo tengo las respuestas y aún no lo entiendo. Estoy detrás de una puerta queriendo escapar de mí misma, pero las contradicciones nos hacen ser quienes somos y mi mirada se ha perdido entre laberintos con la salida blindada. No hay excusa, no encuentro culpable y al final lo único que se va es el cuerpo, debería dejar de preguntarme el por qué de las cosas, así mi curiosidad muere, y con ella mis ganas, ya vuelvo a contradecirme. La canción inacabada que hablaba de un reflejo perfecto se quedó sin tinta, y en mi orilla yace una sombra que se clavó en mi mente. Y llego sin consciencia a casa un día más para darme contra el cristal de la indiferencia a las 5 de la mañana, estoy enferma de versos que no salen de mi cabeza. Puede que solo sea un día más, y entre días de más ya me echo de menos, decidí pensar en el por qué de la nostalgia y lo único que conseguí fue un sueño de invierno...
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